La gran luna llena iluminaba la pequeña carretera del faro.
Caminaba despacio, los ojos me lloraban por culpa
del aire frío y cortante. El reloj de la iglesia hizo repicar las campanas, las
cuatro en punto.
Poco a poco me iba acercando al punto, donde por fin podría
cumplir la misión que me encomendó Belcebú.
El tic-tac del cuco resuena en mi cabeza
despertar del sueño es dificultad extrema.
Cabañas deshabitadas, lagos desnudos
la carretera nevada y una misión incumplida,
culpa de un reloj atrasado
parado hace unos años ya
un día del mes de mayo
cuando me guardaron en este cajón
donde mi descanso es eterno.
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